Portada 3

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miércoles, 11 de enero de 2017

Frantz, redención, culpa, miedo


François Ozon firma con Frantz una libre adaptación de L'homme que j'ai tué (El hombre al que maté), obra de teatro escrita justo al final de la I Guerra Mundial por Maurice Rostand. Ernst Lubitsch realizó una primera adaptación al cine de esta obra en 1931, con Broken Lullaby. Ozon no ha realizado un remake al uso, sino que apoyándose en el punto de partida del libreto de Rostand crea una historia de redención, culpa y miedo, como viene a titularse esta entrada.

Nos situamos en 1919, un pequeña pequeña población alemana recibe la visita de
Adrien, un joven francés que rinde visita a la tumba de Frantz, un soldado alemán caído durante la Gran Guerra. Como es lógico, pronto atrae la atención de los habitantes del pueblo, en especial de Anna, la prometida que esperaba en vano el vuelta a casa de Frantz. Superado el estupor inicial, Adrien llega a conocer a la familia del finado.

                                                      


A partir de aquí, la película de Ozon entra en una primera parte donde el relato es lineal, todo parece suceder según lo previsto, pero la narración llega a un punto en el que se suceden inesperados e inquietantes giros dramáticos. De Frantz, más allá del anecdótico uso del color que plantea Ozon, hay que destacar la sobresaliente transformación que sufren Anna y Adrien en el guion del propio director y de Philippe Piazzo. Paula Beer en el papel de Anna y Pierre Niney en el de Adrien (¿hay alguien en la sala con intenciones de rodar una película sobre Salvador Dalí? ¿Sí? Niney es su hombre, no lo dude) llevan todo el peso de la interpretación, dando a sus personajes grandes dosis de credibilidad y empatía con el espectador. Ambos están muy bien acompañados por Ernst Stötzer y Cyrelle Clair quienes representan a los padres de Frantz.

Redención, vivir con la puta culpa, como dice la canción, miedo, el sentimiento de estar vivo, todo esto es la película Frantz. Por último, una recomendación: si no lo han leído, El Miedo de Gabriel Chevalier es uno de los grandes libros de la I Guerra Mundial, no se lo pierdan.









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