Portada 3

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domingo, 8 de enero de 2017

Dean Reed, Comrade Rockstar, un recorrido vital escrito por Reggie Nadelson


Fue este artículo en el diario El País el que dio a conocer a Dean Reed al bloguero, no hubo referencias anteriores, ni una remota canción escuchada en la radio o por internet, ninguna película ni referencia del artista que fue una gran estrella en la República Democrática Alemana y en la URSS en particular y en el bloque soviético en general. Tirando del hilo, una vez más lanzado por Diego A. Manrique, apareció el rastro del libro que viene a titular esta entrada: Comrade Rockstar, the Life and mistery of Dean Reed.

Este libro, escrito por la periodista y documentalista
Reggie Nadelson investiga la vida y circunstancias de la misteriosa muerte de Reed a través de los numerosos testimonios que la periodista recogió en Alemania del Este y en Rusia, de todo aquel que tuvo contacto directo con el cantante y quiso contarle su experiencia con Dean Reed: familia, traductores, periodistas, fans, políticos... No se trata, por tanto, de una hagiografía al uso. Además, el libro tiene la virtud de mostrar al lector cómo era la vida más allá del Muro de Berlín y del Telón de Acero, contada gracias a los numerosos viajes que allí hizo la periodista a partir de 1988, permanentemente acompañada por el también documentalista Leslie Woodhead.

                                                    



Lo cierto es que
Dean Reed fue una gran estrella, primero en Chile y Argentina, después en el bloque soviético, lo que no pudo ser en su propio país. Sus canciones -pop, versiones de clásicos y de contenido político- arrasaban, sus películas se proyectaban durante meses en los cines del COMECON. Phil Everly, de los Everly Brothers, conoció a Reed cuando ambos se formaban como cantantes y actores en Hollywood. Everly señala que Dean Reed era un tipo con talento, una gran estrella y aunque él se declaraba seguidor de Reagan, respetaba a Reed por el hecho de vivir en consecuencia a su forma de pensar. De hecho, tocó con él en la RDA.

Para muchos
Reed fue quien llevó el rock and roll a Europa del Este, no olvidemos que allí estaba prohibido. Los regímenes comunistas lo consideraban una amenaza de Occidente. Para otros Dean Reen fue un impostor, un cantante y actor de serie B que estuvo en el sitio y momento adecuado, la perfecta oportunidad que aprovechó el sistema comunista para hacer su propia propaganda: un joven americano, con pinta de galán y buena voz que además se declaraba ferviente socialista.

Artemy Troitsky, crítico de rock ruso lo deja muy claro en Comrade Rockstar: Reed tocaba en los años 70 las canciones que la juventud del Este europeo sólo alcanzaba a través de rudimentarias copias de discos importados ilegalmente que hacían con caseros surcos en radiografías, llamadas roentgenizdat, es decir: huesos o costillas. Aquello sonaba fatal, pero como decía un entrevistado por Nadelson en Rusia, al fin y al cabo era, por ejemplo, Chuck Berry. Dean Reed también era quién aparecía en la televisión acosado por las chicas, como si fuera un beatle, rodeado de una multitud pidiéndole de autógrafos, era quién podía vestir todo aquello que, simplemente, no existía en Alemania del Este o en Rusia: botas, camisas y cazadoras de estilo vaquero, en definitiva ropa de diseño occidental. Siempre según Troitsky, a finales de los años 70 y principio de los los 80, con el hartazgo de las prohibiciones y privaciones que pasaba la población en aquellos países, Reed comenzó su declive. No encajaba en el perfil que se supone a una rockstar cuando abrazaba abiertamente a Breznev o compadreaba con Honecker, la gente estaba harta de un sistema que Reed defendía a capa y espada. A mediados de los 80, cercano a la cincuentena, la estrella de Reed comenzó a apagarse.

Luego de una desastrosa entrevista concedida al programa 60 Minutes de la CBS, que le cerró las puertas a un posible retorno a EE.UU. y bajo los efectos de una profunda depresión, en junio de 1986 Dean Reed apareció muerto, ahogado, en un lago cercano a su casa en Berlín. La profunda investigación llevada a cabo por Reggie Nadelson viene a confirmar que
Dean Reed se suicidó. Su muerte, rodeada de extrañas circunstancias, fue objeto de numerosas teorías, la mayoría de ellas paranoicas: unas decían que Reed era miembro de la CIA, otras, del KGB; durante la localización en Ucrania de Bloody Heart -película que debería relanzarle al estrellato- pudo descubrir algo en referencia al accidente nuclear de Chernóbil, Reed era espía americano, era espía soviético, era agente doble, tenía cáncer... Como ocurrió con Elvis Presley, incluso había quién pensaba que Dean Reed estaba todavía vivo y su muerte era un montaje para poder huir al Oeste... Renate Blume, la viuda de Reed, en su relato de los últimos días de vida de Reed, viene a subrayar el suicidio como causa de la muerte del cantante y actor.

Lo cierto es que
Dean Reed fue un personaje más de la Guerra Fría, protagonista de una vida apasionante que pertenece a un mundo que ya no existe. El pasado mes de junio se cumplieron 30 años de su muerte, no vivió la caída del Muro de Berlín y por tanto del bloque soviético en Europa del Este. ¿Qué habría pensado, qué hubiera hecho Reed de estar vivo entonces? Imposible saberlo. Se han rodado varios documentales sobre la vida de Reed, destacan dos: American Rebel, de Will Roberts, 1985 y Der Roten Elvis, filmado por Leopold Grün en 2007. Tom Hanks compró los derechos cinematográficos de Comrade Rockstar, pero de momento parece ser otra historia más guardada en un cajón de Hollywood esperando a ser filmada.

En unos días habrá una nueva entrada sobre la música de Dean Reed.







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