Portada 3

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miércoles, 7 de septiembre de 2016

Café Society, de Woody Allen


Con Café Society se cumple la cita anual de Woody Allen con sus fieles seguidores en particular y con los aficionados al cine en general. Esta año le ha tocado el turno a una comedia suave, a una historia un tanto intranscendente donde más tiempo del necesario el disfrute se encuentra en lo que rodea a la narración, más que en sí misma.

Bobby -
Jesse Eisenberg- es un joven neoyorkino que viaja a Los Ángeles para probar fortuna en el mundo del cine, no es que quiera ser actor, simplemente busca un trabajo y se sirve de su tío Phil -Steve Carell-, representante de artistas, para encontrarlo. A partir de ahí se nos presenta una clásica comedia, si se quiere de enredo, romántica si se prefiere, donde quienes más destacan son los actores secundarios -Corey Stoll y Ken Stott, ambos magníficos, Jeannie Berlin, Blake Lively, Tom Sirico- más que los protagonistas -el propio Eisenberg y Kristen Stewart-, sus personajes están mejor definidos, sus diálogos son más afinados y están más conseguidos. En el pliego de descargo conviene señalar la inmensidad de los diálogos en la película, una constante en el cine de Allen, protagonistas que no paran de hablar, de dudar. Por curiosidad, ¿alguien ha llegado a cronometrar el tiempo en el que hay diálogo a lo largo del metraje de Café Society? Seguramente se acabe antes midiendo los silencios.

                                                              



En
el aspecto técnico, hay que decir que la película es una maravilla. La ambientación, el trabajo del equipo de arte es excelso, no hay detalle que desentone: los muebles, las calles, los coches... un regalo para los vista. La fotografía, muy buena, acentúa y acompaña a la cálida California y enfría la atlántica Nueva York, dónde se desarrolla la acción. Mención especial merece la música, tanto acompañando a los diálogos como en las breves actuaciones que salen en la gran pantalla, desde luego merece la pena hacerse con el disco para añadir a la colección particular.

Así pues,
Café Society es una película que se deja ver agradablemente, mientras que la historia, lo que atañe a los protagonistas, es algo descafeinada, ya vista muchas veces y bastante previsible. Con todo, hay que felicitarse porque alguien como Woody Allen se empeñe en intentar hacernos felices durante 90 minutos todos los años.







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