Portada 3

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miércoles, 5 de agosto de 2015

La antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid


Leyendo la preciosa entrevista a Miguel Ángel Corona en el numero 10 de la revista Líbero -debería ser de obligada lectura para los chicos que están en las categorías inferiores de cualquier equipo- el lector se encuentra con una respuesta del antiguo canterano del Madrid con la que es imposible estar en desacuerdo. Holden Caufield, el entrevistador, lanza una cuestión comparando la antigua Ciudad Deportiva de la Castellana con la actual, a lo que Corona responde así: Valdebebas tiene unas instalaciones impresionantes, propias de un club puntero como es el Real Madrid, sin embargo, de vez en cuando, siempre me cruzo con alguien que me dice: ¡Yo soy de los tuyos! ¡De los que jugó en la Ciudad Deportiva de verdad! ¡La de la Pista de Hielo! Tenía ese toque de club social para los socios que me gustaba mucho. La entrevista descubre a un personaje tan sensato como educado, un placer haberle conocido un poco más.


                                                      

                         Vista aérea de la antigua Ciudad Deportiva        


A la sombra de La Paz

Como dice Corona, aquel recinto era
un lugar donde se vivía y se ejercía el madridismo. Para el socio y para el aficionado de base, era un lugar de peregrinaje. Bien comunicado mediante líneas de autobuses y la parada de Metro de Begoña de la antigua línea 8 del suburbano, ahora línea 10, a apenas un centenar de metros de la Plaza de Castilla, no daba pereza ir a pasar allí la mañana de los sábados, por un precio simbólico para el público en general, gratis para los socios, se podían ver partidos de fútbol de todas las categorías del club. Quien esto escribe forma parte del invisible batallón de miles de chavales que durante los años 80 intentamos pasar el filtro para llegar a jugar el entonces llamado Torneo Social, el primer paso dentro de la cantera madridista. La prueba consistía, como no puede ser de otra forma, en jugar un partido de fútbol. Para ello, había que entrar en los vestuarios que estaban debajo del graderío del campo donde entrenaba el primer equipo y donde jugaba el Castilla. Luego de vestirte una camiseta roja o azul adidas y anudarte las botas, desfilabas perfectamente alineado en dos filas hasta el cercano campo de tierra, donde los señores Pozo y Lacuesta observaban el partido y decidían quién pasaba y quién no.

Más adelante, en los años 90, cuando este bloguero tenía esa edad en la que se empieza a meter la cabeza en el mercado laboral, solía pasar las mañanas al sol viendo los entrenamientos del primer equipo en la Cuidad Deportiva de la Castellana. Había allí
frecuentes tertulias de jubilados y desocupados, de aficionados que no tenían nada que hacer una mañana entre semana y buscaban el calor de los sueños no alcanzados y de la nostalgia. En aquellos años, no había barreras entre el aficionado y el jugador profesional, al salir del vestuario era muy normal pedir una foto un autógrafo o un recuerdo a Hugo, Emilio o Rafael. Los coches, sí, de alta gama como los futbolistas de ahora, estaban tranquilamente aparcados en la puerta de vestuarios mientras los críos culebreaban entre ellos en busca de un premio. Poco tiempo iba a durar esta situación, todos recordamos a aquella muchacha, histérica sobre el capó del coche de Iván Zamorano, como si el delantero chileno fuera John Lennon. Llegaron las vallas, los aparcamientos reservados y vigilados, el fútbol comenzó a alejarse del hincha. La antigua Ciudad Deportiva ya estaba en franco declive por falta de mantenimiento: la Pista de Hielo se abandonó, las piscinas ya no se abrían en verano, el mítico Pabellón de baloncesto se había quedado pequeño, el club de tenis agonizaba... La sombra de la torre del Hospital de La Paz se confundía con la de las piquetas que amenazaban continuamente la supervivencia de este mítico espacio. La crisis económica del Madrid encontró la solución en la venta del terreno donde se ubicaba el recinto deportivo para construir en él esos cuatro monstruos en forma de rascacielos innecesarios para el paisaje madrileño. Al fin y al cabo, fue el último servicio que prestó la mítica Ciudad Deportiva de la Castellana al Real Madrid.

                                                     
                                                     
                                Vista aérea de las cuatro torres


El frío de Valdebebas

Para acceder a la actual Ciudad Deportiva hay, básicamente, dos opciones: la primera es
tomar el Metro hasta el IFEMA, hacer una buena caminata por el perímetro del recinto ferial y cruzar temerariamente una rotonda que hay sobre una autopista; la otra, claro, es ir en coche. Asistir al estadio Alfredo Di Stefano a un partido del Castilla supone llegar con al menos una hora antes del partido para poder aparcar tranquilamente, una vez allí con tu entrada en la mano, lo único que cabe hacer es sentarte en tu localidad hasta que el partido comience. Es cierto que el club pone, o ponía, a disposición de los socios unos autobuses que parten del Bernabéu, pero esto también condiciona los horarios del aficionado. Al terminar el partido del filial, toca chuparse el atasco de salida del aparcamiento, un auténtico cuello de botella. El ambiente en el recinto es frío, está la estatua de Di Stefano sí, y es algo importante rendir tributo a los mitos, pero poco más: los campos de las categorías inferiores y la fabulosa residencia para los jugadores. El aficionado en su sitio y el futbolista también, pero cada uno por su lado y siempre por separado.

Como también decía Corona en la entrevista antes citada, no es que aquellos tiempos fueran mejores que los actuales,
tan solo son distintos. En la antigua Ciudad Deportiva se presumía que todo aquel que estaba allí, como espectador o como empleado del club, era madridista hasta la médula; en la actual, el ambiente es de subcontrata, de privatización. Ya no está el doctor Neyra ni el doctor Del Corral, está Sanitas; ya no está en el banquillo Antonio Acedo, sucesor del mítico Luis Velerda, ni siquiera se sienta ahí el hijo de Pirri, ¿quién es el fisio del Madrid ahora? Tampoco están los porteros de toda la vida, con su legendaria mala leche y su gorra de plato con el escudo del club en él, está Prosegur. Es el Real Madrid de hoy en día, el que nos toca vivir, pero no elegir cómo es. Este es otro tema.








2 comentarios:

  1. No se puede decir ni mas alto ni más claro , el Club era .. de nosotros , los socios ... y no de .. ¡ a saber quien!

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    1. Efectivamente, Pedro Jesus, ¡A saber de quién es el Madrid ahora! Me da pena que los jóvenes de hoy en día no conozcan el Club que nosotros conocimos.
      Muchas gracias por tu ambable cometario.
      Un saludo.

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