Portada 3

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domingo, 4 de febrero de 2018

El instante más oscuro


Ambientada en los primeros días de mandato de Winston Churchill como primer ministro británico, nos encontramos con el dramático recuerdo de los días en que el III Reich arrasaba Europa continental y el Reino Unido era todo lo que quedaba de la civilización occidental en el Viejo Continente. Fracasada la política de contención de Neville Chamberlain, una vez declarada la guerra y ante la inminente caída de Francia, la duda sobre cómo afrontar la amenaza del régimen nazi llega a la Cámara de los Comunes en mayo de 1940.

                                                        


Joe Wright y Anthony McCarten, director y guionista respectivamente de El instante más oscuro, logran construir en la recreación de este periodo histórico una atmósfera de angustia que atrapa de lleno al espectador, implicándole en la indecisión, en la soledad de aquel que debe decidir el terrible destino de millones de personas. La emoción embarga en el patio de butacas ante la lucha establecida por sus propios compatriotas contra Churchill, cuando la amenaza que se cierne sobre las Islas Británicas era más que evidente. Gary Oldman, quién le iba a decir después de interpretar a Sid Vicious que con el tiempo le llegaría el papel de Churchill, podría hacer a la mismísima reina de Inglaterra porque lo iba a bordar, hace una magnífica interpretación del primer ministro, de la misma forma Stephen Dillane da vida al atildado y ambicioso Halifax.

No se queda atrás
Kristin Scott Thomas, en el papel de Clementine Churchill, tampoco la joven Lily James a quien no le tiembla el pulso para dar la réplica a tan insignes compañeros de reparto. Hay que destacar también el trabajo de Bruno Delbonnel como responsable de la fotografía de El instante más oscuro, en determinados planos el espectador llega a preguntarse si realmente está en una sala de cine o en un museo. En resumidas cuentas, El instante más oscuro es una gran película, un recordatorio de cómo pudieron haber sido las cosas si Inglaterra no hubiera resistido.







domingo, 28 de enero de 2018

Muchos hijos, un mono y un castillo


Gustavo Salmerón ha firmado un documental realmente sorprendente, basado en el devenir de su familia a lo largo de 14 años. Julieta, madre de Gustavo, es el hilo conductor de esta historia. Con un amplio sentido del humor (negro tantas veces) y una ironía inigualable, Julieta se mete en el bolsillo al espectador desde el primer minuto de la cinta.

                                                        


Los Salmerón son una familia numerosa a la vieja usanza, vestigio de otros tiempos que ahora pueden asombrar a los más jóvenes. Luego de la presentación de padres e hijos, la acción de este documental arranca con la delirante búsqueda de las vértebras de la abuela de Julieta que, según la mitología familiar de los Salmerón, están guardados en uno de los armarios de la inmensa casa familiar, todos ellos llenos hasta los topes de cajas cargadas de recuerdos. A partir de ahí, Muchos hijos, un mono y un castillo se nos presenta como una metáfora de la misma vida desde el punto de vista de Julieta: nostalgia, juventud perdida, alegrías y tristezas después de criar y sacar adelante a un buen número de hijos, con los altibajos personales y económicos que les ha tocado vivir.

Julieta, como decíamos antes, se mete en el bolsillo al espectador a base de salero, gracia, surrealismo, humor y ternura. Pasado mes y medio de su estreno en cines, hay que decir que el pasado sábado la sala de cine no presentaba una sola butaca vacía. En muchos momentos de la proyección del documental, la sala estallaba en carcajadas con las ocurrencias de Julieta, quién será recordada con el paso del tiempo. Muchos hijos, un mono y un castillo ha sido premiada en los festivales de Karolvy Vary, Hamptons y San Sebastián y está nominada al Goya a la mejor película documental.









jueves, 25 de enero de 2018

El alma se extingue, una novela de Lajos Zilahy


El alma se extingue fue escrita en 1932 por Lajos Zilahy, es una visión novelada de la emigración, principalmente, pero también toca estos otros temas: las raíces, el desarraigo, la llegada a la tierra prometida... De refilón el libro habla de la mezquindad, la prepotencia de aquellos que emprendieron el viaje antes que nuestro Janos, protagonista y narrador de esta historia, del choque de culturas y de personalidades...

                                                         


Precisamente, tan pronto como Zilahy se centra en estos aspectos de la emigración es cuando El alma se extingue produce más interés en el lector. La galopante crisis que sufre Hungría a principios de los años 30 del pasado siglo obliga a Janos a tomar la dramática decisión de abandonar su hogar y familia. El ingenio de nuestro protagonista se agudiza, donde otros se arrugan y se pliegan a las circunstancias, Janos saca lo mejor de sí mismo para buscarse la vida en el Nuevo Continente. Allí, pasa por un auténtico tobogán de emociones, económicas y personales. Es aquí precisamente, con la trama de Jennifer, cuando El alma se extingue flaquea. Aun así, esta novela de Zilahy implica al lector, hace ponerse en los zapatos de aquel que arriesga todo para labrarse un futuro mejor.

Lajos Zilahy nació ciudadano del Imperio Austrohúngaro en 1891. Luchó en el ejército imperial durante la I Guerra Mundial, experiencia bélica que le sirvió para escribir Dos cautivos, su novela más celebrada. Zilahy tuvo su propia productora de cine, creada en 1939, mediante la cual llevó alguno de sus libros a la gran pantalla. En 1947, Zilahy emigra a EE.UU. Donde escribirá la trilogía sobre la familia húngara Los Dukay: El siglo feliz, Crepúsculo cobrizo y El ángel del odio. Lajos Zilahy falleció en 1974 en Novi Sad, entonces Yugoslavia. El alma se extingue está publicada -en una cómoda edición para el lector- por la editorial Funambulista.









domingo, 21 de enero de 2018

Contra la crisis, jugadores de un solo club: Nacho


Una de las cosas que llenan el corazón del aficionado es ver triunfar a los jugadores de la cantera cuando llegan al primer equipo. Otra, es verlos retirarse sin haber salido del club de toda su vida después de una larga carrera deportiva, circunstancia que hoy en día, con este fútbol tan profesionalizado y mercantilizado que tenemos, es muy difícil de ver.

En el caso del Real Madrid,
el perfecto ejemplo es Nacho Fernández. Al contrario que otros compañeros suyos de la cantera madridista, Nacho no tuvo que ser cedido a un tercer equipo para llegar a formar parte de la primera plantilla, donde debutó en 2011. Las dos siguientes temporadas estuvo a caballo entre el Castilla y el Madrid, asentándose definitivamente en 1ª División en 2014.

                                                          


Nacho cumple a la perfección en su posición de central cuando le toca jugar: es contundente en el cruce, rápido en las ayudas a los laterales, además es un excelente marcador y sube al ataque cuando el juego lo requiere. Lleva la competencia por la titularidad con Sergio Ramos, Varane y Vallejo, al menos de cara al exterior, con una exquisita deportividad: nunca se queja cuando le toca estar en el banquillo, se sabe una pieza más dentro del engranaje del equipo y cuando sale en el 11 inicial no hay un gramo de esfuerzo regateado por su parte. Se podrá recordar algún partido malo de Nacho pero como excepción que confirma la regla: es uno de los mejores centrales de España, como demuestra su continua presencia en la selección nacional sin ser titular indiscutible en el Madrid.

Ayer, cuando el Deportivo se puso por delante en el marcador y en el Bernabéu se empezaba a escuchar el runrún de disgusto en la grada después de la última derrota en casa ante el Villarreal y el enésimo partido nefasto contra el Leganés en Copa,
Nacho fue quien puso la primera piedra de la remontada y la posterior goleada, firmando en ella un doblete más que merecido. El 6 canterano del Madrid no está solo, le acompañan Carvajal y Lucas Vázquez, pero sólo él puede decir que es un hombre de un solo club. Ojalá llegue a terminar en el Madrid su carrera deportiva, se lo merece.







martes, 9 de enero de 2018

Reivindicación del silencio, la crisis del Madrid


El silencio está infravalorado hoy en día en todos los órdenes de la vida. Para comprobarlo no hace falta nada más que montar en cualquier transporte público, verán cómo algunos pasajeros juegan con sus teléfonos inteligentes o ven vídeos con un nivel de volumen lo suficientemente alto para que todos los allí presentes se enteren. Hay quien mantiene directamente una conversación telefónica -desde bien temprano- o hace sonar el tableteo de los caracteres del teclado virtual de su dispositivo como si de una antigua máquina de escribir se tratara. El fútbol tampoco es ajeno a esta desafección a la ausencia de ruido.

Cuando en un estadio se guarda un minuto de silencio en memoria de un fallecido, ahora suena música por la megafonía intentado evocar no se sabe muy bien qué: si tristeza, nostalgia o ambas cosas, cuando lo que de verdad impresiona y sobrecoge es ver a decenas de miles de personas puestas en pie manteniendo un silencio sepulcral. No existe mayor muestra de respeto y condolencia que el silencio, pero esta no es la intención que ha llevado a escribir esta entrada.

Todo esto viene a cuenta por el ruido que ha levantado la crisis de resultados que viene arrastrando el Real Madrid desde el final del pasado verano. En distintos foros de Whatsapp, en conversaciones con otros aficionados o en artículos de prensa o blogs especializados abunda la crítica, ora constructiva, ora destructiva. Se señalan culpables de la situación y por supuesto, se apuntan las posibles soluciones.

                                                           


El madridismo anda cabreado, y con razón. Lo que en un inicio parecía ser el comienzo de una época triunfal ahora tiene toda la pinta de ser un fin de ciclo traumático. Si hoy el Numancia de Soria logra ganar el partido y no digamos remontar el 0-3 de la ida de la eliminatoria de Copa, si el Villarreal se lleva los tres puntos del Bernabéu en la próxima jornada de Liga, el estadio seguramente estallará en silbidos. No faltan los motivos como se ha comentado un poco más arriba.

Es evidente que hay jugadores -en todas las líneas- que están muy lejos de su mejor estado de forma y lo que es peor, no muestran la actitud mínima exigible, lo que es intolerable para el madridismo. Han llegado nuevos futbolistas que se deben estar preguntando a qué han venido porque apenas tienen oportunidades a pesar del mal momento de vive el equipo que se presume titular. Muchos aficionados cuestionamos las alineaciones de Zidane y las decisiones que tomó el presidente el pasado verano (único director deportivo conocido en la actual junta directiva) desarmando al actual campeón de Europa y de Liga.

Todos ellos sentirán, sin duda, la presión de la pitada si es que se produce, pero ¿se imaginan un Bernabéu lleno hasta la bandera en absoluto silencio al acabar un partido? Es otra forma de hacer notar el disgusto -tal vez más respetuosa- con unos futbolistas que han dado muchas alegrías hace muy poco tiempo. A pesar de la actual situación, la temporada no ha acabado. La próxima eliminatoria de Copa de Europa contra el Paris Saint Germain en febrero marcará el destino del equipo en lo que queda de temporada. El Madrid es capaz de superarla, si lo hace no habrá motivos para guardar silencio sino todo lo contrario, pero como muestra de alegría.










lunes, 25 de diciembre de 2017

Cuento de Navidad: el patio de James Stewart


La fachada de mi casa da a un gran patio de luces. Es grande en tamaño no en belleza. Al fin y al cabo, qué vistas se pueden tener en una ciudad que no sea otro edificio, sólo unos pocos pueden tener enfrente un parque o jardines cuando vives en una urbe. Otra de las particularidades que tiene este patio de luces es que a nivel del suelo está lo que antiguamente debía ser una pequeña fábrica o factoría industrial, de lo que da fe la altísima chimenea que debía actuar como salida de humos. La noche que visité mi futura casa antes de formalizar mi entrada en ella no reparé en tan soviético detalle simplemente porque no lo vi en la oscuridad, pero lo cierto es que superada la sorpresa inicial, uno se acostumbra a la presencia de la oxidada torre, echándole imaginación uno puede llegar a pensar que se trata de un tótem prehistórico, aunque sea de aluminio.

                                                          


Las faenas cotidianas del hogar te pueden llegar a hacerte creer que eres James Stewart en La ventana indiscreta mientras, por ejemplo, cuelgas la colada en el patio. Involuntariamente a la vez que pones las pinzas sobre la ropa mojada en la cuerda, miras a las casas que cierran el amplio espacio del patio: puedes ver a una pareja joven arrullada en el sofá mientras ven su serie favorita, a una familia entera saliendo a la terraza para refrescarse cuando el umbral de la sombra del sol despiadado del verano alcanza su piso, llegan ecos de las risas de las reuniones de amigos los viernes por la noche, señoras solitarias que dan de comer a sus mascotas, sonidos procedentes de transistores lejanos de locutores pelmas o de canciones muy antiguas prácticamente olvidadas, luces que se apagan anunciando la llegada del descanso reparador para afrontar la nueva jornada.

Hoy ha amanecido con el cielo plomizo, hace un frío pelón y húmedo que cala en los huesos, propio del invierno recién estrenado. El patio muestra una inusitada pereza siendo lunes. Todas las ventanas están cerradas, pero las cortinas reflejan en los cristales la ilusión de los niños, la soledad de los mayores, los abrazos de los recién llegados tras un largo viaje. Esta vez soy yo quien pone la banda sonora en el patio, con el volumen bajo, para que llegue sólo el susurro a los demás, mientras termino las labores cotidianas en la terraza. Al mismo tiempo, siento que me invade el sentimiento de James Stewart.







martes, 19 de diciembre de 2017

Dear December, nuevo álbum de The Minus 5


Hace tan solo unos días que se ha publicado el nuevo disco de The Minus 5, Dear December, ya a la venta en portales digitales y en CD y vinilo a través de su página web. 11 canciones completan Dear December, en las que hay un poco de todo, rock, garaje. Aquí viene un pequeño repaso por todas ellas.

                                                       


New Christmas Hymn, canción de apertura, es la más pop del disco, ritmo pegadizo. When Christmas hurts you this way es una emotiva balada, con un precioso slide acompañando a la no menos chula voz de Scott McCaughey. See you in December, la más garaje y cañera ¿podemos clasificarla como country punk? Seguramente sí.Festival of Lights (Hanukkah Song) luminoso corte, como la celebración judía que alude el título. Johnny Tannenbaum aporta unos coros muy años 60, reminiscencias del sonido teenager. Con The Fourth Noel, los Minus se suben al piano y se ponen serios. Merry Christmas Mr. Gulp Gulp recuerda al sonido Spector también de los 60. Your Christmas Whiskey vuelve a mostrar el lado pop de los Minus. I See Angels y Yule Tide Me Over son quizá la canción más prescindible del disco. I Still believe in New Year's Eve cierra Dear December al ritmo marcial de su batería acompañado de frenéticos riffs de guitarra.

                                                         


Sin embargo, la buena noticia del lanzamiento del disco se vio empañada hace justo un mes cuando llegó la triste noticia:
Scott McCaughey había sufrido un derrame cerebral justo cuando The Minus 5 acompañaban a Alejandro Escovedo de gira por la costa Oeste de EE.UU. A través de las redes sociales de The Minus Five Mary Winzig, esposa de McCaughey, va informando de cómo va progresando el guitarrista. Sigue abierta una campaña para recolectar fondos con la finalidad de costear el carísimo tratamiento y rehabilitación que debe seguir el músico para recuperarse. Aparte, han facilitado una dirección postal para todo aquel que quiera escribir a Scott McCaughey para mandarle ánimos:

Scott McCaughey
PO Box 11500
Portland, OR 97211

Seguro que si usted ha llegado a leer estas líneas tiene motivos de sobra para ponerle unas letras al enfermo: aquel concierto, ese disco firmado, esa franca sonrisa bajo la gorra y la blanca melena... Cualquier muestra de aliento, por pequeña que sea, es siempre bienvenida. ¡Larga vida a Scott the Hoople!









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