Portada 3

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jueves, 17 de mayo de 2018

¿Dónde vamos a bailar esta noche? Un libro de Javier Aznar


Un libro que versa sobre lo efímero, así describe David Gistau en el prólogo este libro de Javier Aznar, periodista y escritor, también autor del Manual de un buen vividor. Así es, breves son los episodios que llenan las casi 300 páginas que contiene esta obra y escaso es el tiempo que lleva al lector a devorarlas por el interés que provocan.

                                                          


Es más que probable que el lector no sólo se sienta identificado en ¿Dónde bailamos esta noche? sino que se verá perfectamente retratado. Quien esto escribe se ha descubierto a sí mismo en estas páginas del mismo modo que cuando vio la película Pagafantas en la gran pantalla se iba hundiendo progresivamente en la butaca del cine al reconocerse en lo narrado en ella. Así pues Javier Aznar nos ofrece pagafantismo ilustrado, obsesiones futboleras, querencia a la buena vida, malas elecciones con las mujeres y facilidad para verse envuelto en situaciones ridículas con un agradable toque irónico.

Además de lo anteriormente descrito, Javier Aznar
emplea con inteligencia la nostalgia en este libro: cómo te sentías cuándo de chaval estrenabas unas zapatillas de marca, el encuentro con la chica elegida ¿quién no ha pensado en el nombre de los posibles hijos cuándo uno se dirige a una primera cita?; el submundo del coleccionista de cromos, el puto Garitano, glorioso cuento publicado también en la revista Líbero; el viejo cine, las antiguas series... Este bloguero ha leído este libro en apenas unos pocos días durante los trayectos en transporte público al trabajo. Mientras los compañeros de viaje iban con cara seria pensando en las miserias diarias o mirando compulsivamente sus teléfonos, servidor iba esbozando una franca sonrisa cuando no emitiendo breves carcajadas, lo que siempre es de agradecer. ¿Dónde vamos a bailar esta noche? está editado por Círculo de Tiza y su primera edición fue publicada en abril de 2017.












jueves, 26 de abril de 2018

Lucas Vázquez, el hombre tranquilo


Desde que regresó al Madrid en 2015, la figura de Lucas Vázquez no deja de crecer. Da igual que disputara con el Espanyol una temporada entera, ha hecho y sigue haciendo méritos para ser considerado como hombre de un solo club. A punto de cumplir 27 años, Vázquez encara sus mejores años como futbolista afianzándose cada vez más en el 11 titular del Real Madrid.

                                                     


Las pocas dudas que podía albergar el aficionado sobre la pasta de la que está hecho el joven jugador gallego se disiparon cuando Vázquez enfiló camino al punto de penalty en la dramática tanda de la final de la Copa de Europa de Milán de hace dos años. Allí, recorriendo la distancia entre el círculo central y el punto fatídico,
donde el alma se encoge, cuando las piernas se vuelven de plomo y la angustia se apodera del alma y nubla la mente, Lucas Vázquez asumió la responsabilidad del primer lanzamiento, con paso seguro y mirada firme. Incluso se permitió hacer malabarismos con el balón, helando la sangre del madridismo en particular y del planeta fútbol en general. El resto es de sobra conocido.

El último capítulo de la historia de
Lucas Vázquez en el Real Madrid la escribió el jugador en el partido de ayer jugando en una posición que no es la suya, de lateral derecho, ante las necesidades del equipo creadas por la lesión de Carvajal. Le tocó cubrir al auténtico agitador del Bayern, Franck Ribery. El veterano extremo galo, consciente de estar quizá ante su última oportunidad de volver a ganar la Copa de Europa fue una pesadilla para el Madrid pero el buen hacer de Lucas Vázquez impidió que el francés fuera determinante en el resultado del partido de ida. Lo mejor de todo es que en tan solo 6 días, tenemos otro Real Madrid – Bayern de Múnich en el Bernabéu, ¿quién da más?








domingo, 22 de abril de 2018

AKA Doc Pomus, un documental de William Hechter y Peter Miller


El recuerdo es vago y puede ser un poco impreciso. La primera vez que quien esto escribe tuvo noticias de Doc Pomus fue gracias a un artículo de un mítico periodista musical español en los primero números de la revista Ruta 66 allá por 1985 o 1986, por tanto el bloguero contaba con 13 o 14 años. En él, el reputado periodista musical contaba cómo en uno de sus viajes se encontró a Doc Pomus en un aeropuerto o estación, completamente solo. El plumilla acudió a saludarle un tanto sorprendido porque nadie reconociera al genial compositor. Pomus, agradecido por el saludo se despidió con un mensaje a los aficionados españoles: Doc Pomus seguirá dando guerra durante mucho tiempo. Aquel artículo fue como ver el mar por primera vez viendo lo que había detrás de ese nombre.

El documental AKA Doc Pomus, dirigido por William Hechter y Peter Miller, recoge el recorrido vital del genial compositor contado a través de los testimonios de hermanos, hijos, ex mujeres y por supuesto músicos que llegaron al estrellato gracias a las canciones de Pomus y también de quienes fueron apadrinados por él. La primera impresión que uno se lleva de este personaje es de admiración por la entereza con la que afronta su minusvalía física, en el 95% de las fotos y en testimonios documentales del propio Pomus siempre aparece con una franca sonrisa y más cuando sabes que fue este y no otro el motivo por el que las discográficas le descartaron para darle la oportunidad de hacer una prometedora carrera de cantante blues.

                                                         


Entonces, Pomus decidió cambiar a la composición. Estamos a finales de los años 40 y principio de los 50, los blues man y primeros intérpretes del rock and roll necesitaban de los compositores para sacar adelante sus nuevos discos. Ese era el método de producción. Las editoriales musicales se concentraron en el Brill Building neoyorkino. Pomus, debido a sus limitaciones físicas, decidió hospedarse en un hotel cercano a este edificio para tener cerca las oficinas donde vendería sus composiciones. En el vestíbulo de este hotel se reuniría a diario con admiradores, aspirantes a compositores y músicos, consagrados o no.

La necesidad de las editoriales de ampliar mercado hacia los nuevos consumidores en los años 50, los
teenagers, hace entrar en escena a Mort Shuman con quien Doc Pomus formaría un binomio demoledor en la composición de grandes éxitos, como la inolvidable y multi interpretada Viva Las Vegas. Pero no todo fueron sonrisas y éxitos en la vida de Doc Pomus, los años 60 y 70 fueron difíciles para Pomus en lo personal y profesional a pesar de apadrinar a nuevos talentos como Phil Spector. Pomus se mantuvo activo casi hasta el final de sus días, falleció en 1991 a causa de un cáncer. El documental AKA Doc Pomus cuenta más acerca de esta figura imprescindible, de sus canciones, de quienes firmaron con él tantas composiciones que forman parte de la memoria del aficionado. Fue estrenado en 2012 y a día de hoy está disponible en Filmin.








domingo, 15 de abril de 2018

Campeones, una película de Javier Fesser


Uno realmente no sabe bien qué se va a encontrar como espectador al ir a ver Campeones. Afortunadamente, viendo el trailer o los anuncios de la película en distintos medios de comunicación, no se desvela nada definitivo de la acción y de lo que ocurre con este singular equipo de baloncesto, salvo que nos ponen sobre la pista de la narración nada más. En otros casos, desgraciadamente no es así.

                                                         


Javier Fesser, director y coguionista junto a David Marqués, acierta de pleno en alejarnos de paternalismos, sensiblerías y moralinas para poner el punto de vista de esta historia en la normalidad pura y dura, con sus pros y contras, de la discapacidad en la vida diaria y añadirle además una buena dosis de ternura y de humor. Fesser nos invita a que aceptemos a estos chicos tal y como son, no como quisiéramos que sean. Sinceramente, el trabajo que hacen los jugadores del Club de Baloncesto Amigos es realmente encomiable, asombra su capacidad para desenvolverse delante de la cámara, ellos son: Sergio Olmo, Julio Fernández, Jesús Lago, José de Luna, Fran Fuentes, Gloria Ramos, Alberto Nieto Fernández, Roberto Chinchilla y Stefan López.

Una vez más,
Javier Gutiérrez deja claro el talento interpretativo que posee, da igual que represente a un escritor miserable que al antihéroe de una serie de aventuras medievales, ahí está él para sacar adelante cualquier proyecto. En Campeones, la gran Luisa Gavasa le apoya a la perfección en el papel de la madre. Más testimoniales son los roles de Daniel Freire y Juan Margallo, mientras que Athenea Mata es la hada madrina ideal. Vayan al cine a ver Campeones, sumérjanse en esta historia, deje que le invadan el humor, la ternura y la emoción, merece la pena.










miércoles, 11 de abril de 2018

Esto no es Hawaii, la historia oculta de la movida, un libro de Jesús Ordovás


El legendario periodista musical Jesús Ordovás, testigo y divulgador de muchos de los grupos que nacieron en aquella época, reúne en este volumen una colección de entrevistas con los protagonistas de la Movida madrileña. Algunos pertenecen a la primera línea del frente, otros sin embargo son esos personajes secundarios pero imprescindibles para la comprensión de este período de la historia musical de España.

Luego de una breve introducción escrita por el propio Ordovás,
Esto no es Hawaii abre el primer capítulo donde aparecen entrevistas a los Burning, Ariel Roth, Ramoncín y Fernando Márquez, el Zurdo, entre otros. Todos ellos contextualizan el momento, la salida de la dictadura, la llegada de nuevas inquietudes artísticas y reacción contra el establishment musical imperante desde finales de los años 70. Sorprende, y mucho, el lenguaje utilizado por muchos de ellos en estas entrevistas, pero no lo olvidemos, casi todas ellas se hicieron hace 40 años.

El título del segundo capítulo ya lo dice todo:
El futuro ya está aquí. Músicos de los grupos más significativos de la Movida desfilan por este episodio explicando qué, cómo y cuándo saltaron a la primera división musical. Muchos apenas sabían tocar y todavía menos cantar, pero tenían ganas de hacer algo nuevo, donde no había talento se derrochaba esfuerzo. Algunos de ellos siguen dando guerra hoy en día y otros, desgraciadamente, ya no están entre nosotros.

                                                      

   
Ordovás dedica el tercer episodio a lo que ocurrió fuera de Madrid, en otras partes de España a finales de los años 70 y principios de los 80. Se cuenta
la implicación que tuvieron en la Movida grupos surgidos en Barcelona, Vigo, País Vasco, Granada, etc... y lo que este movimiento generacional implicó en el resto del país.

Hasta aquí ha habido algunas sorpresas y muchos recuerdos para los seguidores inquietos que ya sabían de lo sucedido bien porque vivieron el momento, bien porque su inquietud musical les hizo investigar sobre sus grupos favoritos. Hay dos testimonios en el episodio final de
Esto no es Hawaii que llama la atención al lector, tal vez por ser los hechos menos conocidos: el auge y caída de la disquera DRO contada por uno de sus creadores, Servando Carballar y las desventuras que tuvo que sufrir Paloma Chamorro para sacar adelante su mítico programa La Edad de Oro. A pesar de esto último, La Edad de Oro fue una realidad maravillosa. TVE, quién la ha visto y quién la ve, era el paraíso de la información musical en aquellos años. Las grandes estrellas internacionales, que empezaron a venir a tocar a nuestro país, pasaron por aquellos míticos programas elaborados por Carlos Tena, Ángel Casas, Diego A. Manrique y Juan de Pablos, entre muchos otros. Afortunadamente, en la página web de RTVE podemos volver a disfrutar de estos programas.

Esto no es Hawaii es mucho más de lo reseñado en esta entrada. Editado por la revista Efe Eme, el libro está disponible en la tienda digital de la revista y también en librerías selectas como El Argonauta, oasis musical del barrio de Argüelles de Madrid.












lunes, 12 de marzo de 2018

Gente de bien, a carta cabal


Ayer se vivió otra gran jornada en el estadio Central de la Ciudad Universitaria de Madrid donde la selección nacional de rugby, siguiendo la estela del fantástico partido jugado hace unas semanas contra Rumanía, aplastó sin contemplaciones a la selección alemana con un incontestable marcador de 84-10 a favor de los locales. Ni siquiera la amenaza del diluvio universal echó para atrás a los miles de aficionados que abarrotaron el recinto complutense hasta la bandera.

                                                       


Y es que los entendidos más veteranos del rugby patrio, muy pocos, se ven cada vez más acompañados de nuevos aficionados al balón ovalado. Seguramente proceden de otros deportes mayoritarios, donde la pérdida de valores y caída en el negocio puro y duro es la constante. ¿Se lo imaginan? Sí, hablamos del fútbol pero ese tema es harina de otro costal. Lo cierto es que es muy emocionante sumarse al minuto silencio sepulcral en el recuerdo a las víctimas de los atentados del 11 de marzo de 2004, da gusto escuchar y ver cómo se ovaciona sin excepción al bello himno nacional alemán, cómo se respecta el juego y las decisiones arbitrales, ver cómo se aplaudió al equipo rival, manifiestamente más débil, cuando consiguió llevar el cuero a la zona de marca local.

Lo cierto es que
el Central tiene un encanto especial. Hasta las tradicionales invasiones de campo tienen su aquel. Ayer, mientras los jugadores españoles daban la vuelta al campo en agradecimiento al público, los aficionados les iban formando el tradicional pasillo en el césped. Los miembros de la selección nacional chocaban las manos de los propios hinchas y saludaban a las gradas. Niños y no tan niños aprovechan y se hacen fotos con los protagonistas del encuentro, locales y visitantes; se acercan a los palos a intentar imaginarias transformaciones, en definitiva a llevarse un recuerdo de un gran día. Para darle un toque más espiritual a este coqueto estadio, sólo falta que cuaje el himno oficioso elegido: Feo, fuerte y formal de Loquillo, de cuya letra sacamos el titular de esta entrada. El próximo domingo falta sumar el último triunfo en Bélgica para sellar el pasaporte al Mundial de Japón, lo que sería todo un triunfo.










martes, 6 de marzo de 2018

Surfeando la ola del Paris Saint Germain


Es muy curioso el tobogán emocional que supone la Copa de Europa a todos los niveles: equipos, prensa y afición. Desde que se conoció este emparejamiento de octavos de final buena parte de la afición y de la crítica daba por eliminado al Real Madrid ante el PSG. Es cierto que la trayectoria liguera de ambos equipos invitaba a precipitarse en este análisis, pero ni la liga francesa es igual que la española y ni tan siquiera había pitado el árbitro el inicio del partido de ida.

                                                         


Así pues, el madridismo acudía el pasado día de San Valentín al Santiago Bernabéu a vivir su particular calvario tal y como ocurrió hace 20 años contra el mismo rival. Pero al fin y al cabo, cuando el balón comienza a rodar no hay jeques, magnates, ni presupuestos multimillonarios sino 22 futbolistas bajo la máxima presión posible en una carrera contra el reloj donde no existe la velocidad crucero, se establece una lucha en la que no va a haber prisioneros. Entonces, el Real Madrid se subió a su tabla de surf, supo bracear para coger la ola buena, tuvo el suficiente oficio para aguantar las envestidas de los franceses y logró convertir las ocasiones de las que dispuso. La hinchada merengue se llevó la primera gran alegría de la temporada.

Pero, cosas del fútbol, ese instante sublime donde el surfero está a punto de domar la ola se quedó congelado durante quince días. Por aquel entonces, el PSG bajó de la euforia total a la depresión en apenas 90 minutos. Luego de pasar unos días digiriendo lo ocurrido, cabizbajo, como un boxeador noqueado, la emoción de una posible remontada comienza a calar en jugadores, prensa y afición de la capital francesa. Del buen hacer del Real Madrid dependerá si al final logra doblegar la ola o sucumbir ante ella.
Como diría el gran José Ángel de la Casa, ha llegado la hora de la verdad.









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