Portada 3

Portada 3

domingo, 15 de abril de 2018

Campeones, una película de Javier Fesser


Uno realmente no sabe bien qué se va a encontrar como espectador al ir a ver Campeones. Afortunadamente, viendo el trailer o los anuncios de la película en distintos medios de comunicación, no se desvela nada definitivo de la acción y de lo que ocurre con este singular equipo de baloncesto, salvo que nos ponen sobre la pista de la narración nada más. En otros casos, desgraciadamente no es así.

                                                         


Javier Fesser, director y coguionista junto a David Marqués, acierta de pleno en alejarnos de paternalismos, sensiblerías y moralinas para poner el punto de vista de esta historia en la normalidad pura y dura, con sus pros y contras, de la discapacidad en la vida diaria y añadirle además una buena dosis de ternura y de humor. Fesser nos invita a que aceptemos a estos chicos tal y como son, no como quisiéramos que sean. Sinceramente, el trabajo que hacen los jugadores del Club de Baloncesto Amigos es realmente encomiable, asombra su capacidad para desenvolverse delante de la cámara, ellos son: Sergio Olmo, Julio Fernández, Jesús Lago, José de Luna, Fran Fuentes, Gloria Ramos, Alberto Nieto Fernández, Roberto Chinchilla y Stefan López.

Una vez más,
Javier Gutiérrez deja claro el talento interpretativo que posee, da igual que represente a un escritor miserable que al antihéroe de una serie de aventuras medievales, ahí está él para sacar adelante cualquier proyecto. En Campeones, la gran Luisa Gavasa le apoya a la perfección en el papel de la madre. Más testimoniales son los roles de Daniel Freire y Juan Margallo, mientras que Athenea Mata es la hada madrina ideal. Vayan al cine a ver Campeones, sumérjanse en esta historia, deje que le invadan el humor, la ternura y la emoción, merece la pena.










miércoles, 11 de abril de 2018

Esto no es Hawaii, la historia oculta de la movida, un libro de Jesús Ordovás


El legendario periodista musical Jesús Ordovás, testigo y divulgador de muchos de los grupos que nacieron en aquella época, reúne en este volumen una colección de entrevistas con los protagonistas de la Movida madrileña. Algunos pertenecen a la primera línea del frente, otros sin embargo son esos personajes secundarios pero imprescindibles para la comprensión de este período de la historia musical de España.

Luego de una breve introducción escrita por el propio Ordovás,
Esto no es Hawaii abre el primer capítulo donde aparecen entrevistas a los Burning, Ariel Roth, Ramoncín y Fernando Márquez, el Zurdo, entre otros. Todos ellos contextualizan el momento, la salida de la dictadura, la llegada de nuevas inquietudes artísticas y reacción contra el establishment musical imperante desde finales de los años 70. Sorprende, y mucho, el lenguaje utilizado por muchos de ellos en estas entrevistas, pero no lo olvidemos, casi todas ellas se hicieron hace 40 años.

El título del segundo capítulo ya lo dice todo:
El futuro ya está aquí. Músicos de los grupos más significativos de la Movida desfilan por este episodio explicando qué, cómo y cuándo saltaron a la primera división musical. Muchos apenas sabían tocar y todavía menos cantar, pero tenían ganas de hacer algo nuevo, donde no había talento se derrochaba esfuerzo. Algunos de ellos siguen dando guerra hoy en día y otros, desgraciadamente, ya no están entre nosotros.

                                                      

   
Ordovás dedica el tercer episodio a lo que ocurrió fuera de Madrid, en otras partes de España a finales de los años 70 y principios de los 80. Se cuenta
la implicación que tuvieron en la Movida grupos surgidos en Barcelona, Vigo, País Vasco, Granada, etc... y lo que este movimiento generacional implicó en el resto del país.

Hasta aquí ha habido algunas sorpresas y muchos recuerdos para los seguidores inquietos que ya sabían de lo sucedido bien porque vivieron el momento, bien porque su inquietud musical les hizo investigar sobre sus grupos favoritos. Hay dos testimonios en el episodio final de
Esto no es Hawaii que llama la atención al lector, tal vez por ser los hechos menos conocidos: el auge y caída de la disquera DRO contada por uno de sus creadores, Servando Carballar y las desventuras que tuvo que sufrir Paloma Chamorro para sacar adelante su mítico programa La Edad de Oro. A pesar de esto último, La Edad de Oro fue una realidad maravillosa. TVE, quién la ha visto y quién la ve, era el paraíso de la información musical en aquellos años. Las grandes estrellas internacionales, que empezaron a venir a tocar a nuestro país, pasaron por aquellos míticos programas elaborados por Carlos Tena, Ángel Casas, Diego A. Manrique y Juan de Pablos, entre muchos otros. Afortunadamente, en la página web de RTVE podemos volver a disfrutar de estos programas.

Esto no es Hawaii es mucho más de lo reseñado en esta entrada. Editado por la revista Efe Eme, el libro está disponible en la tienda digital de la revista y también en librerías selectas como El Argonauta, oasis musical del barrio de Argüelles de Madrid.












lunes, 12 de marzo de 2018

Gente de bien, a carta cabal


Ayer se vivió otra gran jornada en el estadio Central de la Ciudad Universitaria de Madrid donde la selección nacional de rugby, siguiendo la estela del fantástico partido jugado hace unas semanas contra Rumanía, aplastó sin contemplaciones a la selección alemana con un incontestable marcador de 84-10 a favor de los locales. Ni siquiera la amenaza del diluvio universal echó para atrás a los miles de aficionados que abarrotaron el recinto complutense hasta la bandera.

                                                       


Y es que los entendidos más veteranos del rugby patrio, muy pocos, se ven cada vez más acompañados de nuevos aficionados al balón ovalado. Seguramente proceden de otros deportes mayoritarios, donde la pérdida de valores y caída en el negocio puro y duro es la constante. ¿Se lo imaginan? Sí, hablamos del fútbol pero ese tema es harina de otro costal. Lo cierto es que es muy emocionante sumarse al minuto silencio sepulcral en el recuerdo a las víctimas de los atentados del 11 de marzo de 2004, da gusto escuchar y ver cómo se ovaciona sin excepción al bello himno nacional alemán, cómo se respecta el juego y las decisiones arbitrales, ver cómo se aplaudió al equipo rival, manifiestamente más débil, cuando consiguió llevar el cuero a la zona de marca local.

Lo cierto es que
el Central tiene un encanto especial. Hasta las tradicionales invasiones de campo tienen su aquel. Ayer, mientras los jugadores españoles daban la vuelta al campo en agradecimiento al público, los aficionados les iban formando el tradicional pasillo en el césped. Los miembros de la selección nacional chocaban las manos de los propios hinchas y saludaban a las gradas. Niños y no tan niños aprovechan y se hacen fotos con los protagonistas del encuentro, locales y visitantes; se acercan a los palos a intentar imaginarias transformaciones, en definitiva a llevarse un recuerdo de un gran día. Para darle un toque más espiritual a este coqueto estadio, sólo falta que cuaje el himno oficioso elegido: Feo, fuerte y formal de Loquillo, de cuya letra sacamos el titular de esta entrada. El próximo domingo falta sumar el último triunfo en Bélgica para sellar el pasaporte al Mundial de Japón, lo que sería todo un triunfo.










martes, 6 de marzo de 2018

Surfeando la ola del Paris Saint Germain


Es muy curioso el tobogán emocional que supone la Copa de Europa a todos los niveles: equipos, prensa y afición. Desde que se conoció este emparejamiento de octavos de final buena parte de la afición y de la crítica daba por eliminado al Real Madrid ante el PSG. Es cierto que la trayectoria liguera de ambos equipos invitaba a precipitarse en este análisis, pero ni la liga francesa es igual que la española y ni tan siquiera había pitado el árbitro el inicio del partido de ida.

                                                         


Así pues, el madridismo acudía el pasado día de San Valentín al Santiago Bernabéu a vivir su particular calvario tal y como ocurrió hace 20 años contra el mismo rival. Pero al fin y al cabo, cuando el balón comienza a rodar no hay jeques, magnates, ni presupuestos multimillonarios sino 22 futbolistas bajo la máxima presión posible en una carrera contra el reloj donde no existe la velocidad crucero, se establece una lucha en la que no va a haber prisioneros. Entonces, el Real Madrid se subió a su tabla de surf, supo bracear para coger la ola buena, tuvo el suficiente oficio para aguantar las envestidas de los franceses y logró convertir las ocasiones de las que dispuso. La hinchada merengue se llevó la primera gran alegría de la temporada.

Pero, cosas del fútbol, ese instante sublime donde el surfero está a punto de domar la ola se quedó congelado durante quince días. Por aquel entonces, el PSG bajó de la euforia total a la depresión en apenas 90 minutos. Luego de pasar unos días digiriendo lo ocurrido, cabizbajo, como un boxeador noqueado, la emoción de una posible remontada comienza a calar en jugadores, prensa y afición de la capital francesa. Del buen hacer del Real Madrid dependerá si al final logra doblegar la ola o sucumbir ante ella.
Como diría el gran José Ángel de la Casa, ha llegado la hora de la verdad.









domingo, 4 de febrero de 2018

El instante más oscuro


Ambientada en los primeros días de mandato de Winston Churchill como primer ministro británico, nos encontramos con el dramático recuerdo de los días en que el III Reich arrasaba Europa continental y el Reino Unido era todo lo que quedaba de la civilización occidental en el Viejo Continente. Fracasada la política de contención de Neville Chamberlain, una vez declarada la guerra y ante la inminente caída de Francia, la duda sobre cómo afrontar la amenaza del régimen nazi llega a la Cámara de los Comunes en mayo de 1940.

                                                        


Joe Wright y Anthony McCarten, director y guionista respectivamente de El instante más oscuro, logran construir en la recreación de este periodo histórico una atmósfera de angustia que atrapa de lleno al espectador, implicándole en la indecisión, en la soledad de aquel que debe decidir el terrible destino de millones de personas. La emoción embarga en el patio de butacas ante la lucha establecida por sus propios compatriotas contra Churchill, cuando la amenaza que se cierne sobre las Islas Británicas era más que evidente. Gary Oldman, quién le iba a decir después de interpretar a Sid Vicious que con el tiempo le llegaría el papel de Churchill, podría hacer a la mismísima reina de Inglaterra porque lo iba a bordar, hace una magnífica interpretación del primer ministro, de la misma forma Stephen Dillane da vida al atildado y ambicioso Halifax.

No se queda atrás
Kristin Scott Thomas, en el papel de Clementine Churchill, tampoco la joven Lily James a quien no le tiembla el pulso para dar la réplica a tan insignes compañeros de reparto. Hay que destacar también el trabajo de Bruno Delbonnel como responsable de la fotografía de El instante más oscuro, en determinados planos el espectador llega a preguntarse si realmente está en una sala de cine o en un museo. En resumidas cuentas, El instante más oscuro es una gran película, un recordatorio de cómo pudieron haber sido las cosas si Inglaterra no hubiera resistido.







domingo, 28 de enero de 2018

Muchos hijos, un mono y un castillo


Gustavo Salmerón ha firmado un documental realmente sorprendente, basado en el devenir de su familia a lo largo de 14 años. Julieta, madre de Gustavo, es el hilo conductor de esta historia. Con un amplio sentido del humor (negro tantas veces) y una ironía inigualable, Julieta se mete en el bolsillo al espectador desde el primer minuto de la cinta.

                                                        


Los Salmerón son una familia numerosa a la vieja usanza, vestigio de otros tiempos que ahora pueden asombrar a los más jóvenes. Luego de la presentación de padres e hijos, la acción de este documental arranca con la delirante búsqueda de las vértebras de la abuela de Julieta que, según la mitología familiar de los Salmerón, están guardados en uno de los armarios de la inmensa casa familiar, todos ellos llenos hasta los topes de cajas cargadas de recuerdos. A partir de ahí, Muchos hijos, un mono y un castillo se nos presenta como una metáfora de la misma vida desde el punto de vista de Julieta: nostalgia, juventud perdida, alegrías y tristezas después de criar y sacar adelante a un buen número de hijos, con los altibajos personales y económicos que les ha tocado vivir.

Julieta, como decíamos antes, se mete en el bolsillo al espectador a base de salero, gracia, surrealismo, humor y ternura. Pasado mes y medio de su estreno en cines, hay que decir que el pasado sábado la sala de cine no presentaba una sola butaca vacía. En muchos momentos de la proyección del documental, la sala estallaba en carcajadas con las ocurrencias de Julieta, quién será recordada con el paso del tiempo. Muchos hijos, un mono y un castillo ha sido premiada en los festivales de Karolvy Vary, Hamptons y San Sebastián y está nominada al Goya a la mejor película documental.









jueves, 25 de enero de 2018

El alma se extingue, una novela de Lajos Zilahy


El alma se extingue fue escrita en 1932 por Lajos Zilahy, es una visión novelada de la emigración, principalmente, pero también toca estos otros temas: las raíces, el desarraigo, la llegada a la tierra prometida... De refilón el libro habla de la mezquindad, la prepotencia de aquellos que emprendieron el viaje antes que nuestro Janos, protagonista y narrador de esta historia, del choque de culturas y de personalidades...

                                                         


Precisamente, tan pronto como Zilahy se centra en estos aspectos de la emigración es cuando El alma se extingue produce más interés en el lector. La galopante crisis que sufre Hungría a principios de los años 30 del pasado siglo obliga a Janos a tomar la dramática decisión de abandonar su hogar y familia. El ingenio de nuestro protagonista se agudiza, donde otros se arrugan y se pliegan a las circunstancias, Janos saca lo mejor de sí mismo para buscarse la vida en el Nuevo Continente. Allí, pasa por un auténtico tobogán de emociones, económicas y personales. Es aquí precisamente, con la trama de Jennifer, cuando El alma se extingue flaquea. Aun así, esta novela de Zilahy implica al lector, hace ponerse en los zapatos de aquel que arriesga todo para labrarse un futuro mejor.

Lajos Zilahy nació ciudadano del Imperio Austrohúngaro en 1891. Luchó en el ejército imperial durante la I Guerra Mundial, experiencia bélica que le sirvió para escribir Dos cautivos, su novela más celebrada. Zilahy tuvo su propia productora de cine, creada en 1939, mediante la cual llevó alguno de sus libros a la gran pantalla. En 1947, Zilahy emigra a EE.UU. Donde escribirá la trilogía sobre la familia húngara Los Dukay: El siglo feliz, Crepúsculo cobrizo y El ángel del odio. Lajos Zilahy falleció en 1974 en Novi Sad, entonces Yugoslavia. El alma se extingue está publicada -en una cómoda edición para el lector- por la editorial Funambulista.









Se ha producido un error en este gadget.